Datos Básicos:
nLongitud: 11 km.
Desnivel: 200 m.
Duración: 4,5 horas.
Punto y hora de inicio: 22:00 horas en Plaza de la Hermandad, 45127 Las Ventas Con Peña Aguilera, Toledo.
Participantes: 9 participantes, de los cuales eran 8 socios y 1 no socia.
Crónica:
En esta ocasión 3 participantes quedaban en Toledo y se organizaron para quedar todos en el punto de salida en Ventas con Peña Aguilera. En una noche calurosa, aunque no tórrida, el grupo estaba totalmente agrupado a las 22:10 en el punto de salida.
Tras la explicación del organizador del recorrido de la ruta y del lugar donde se tenía previsto parar para hidratar y observar las estrellas, se comenzó la ruta por las calles de la localidad. Tras unos pocos metros, el grupo alcanzó la iglesia de San Pedro Apostol. Tras la realización de algunas fotos, el grupo continuó hacia las afueras del pueblo, para comenzar la subida más importante de la ruta, que, sin tener dificultad, el calor hacía que costara más de lo previsible. Según el grupo iba subiendo, el viento comenzaba a aparecer, lo que resultaba un bálsamo para calmar los calores de la noche en los Montes.
A los pocos cientos de metros, el grupo se topaba con una cantera de granito que parecía abandonada pero donde parecía que hacía poco tiempo habían extraído rocas.
Un poco más adelante, el grupo llegó a los lavaderos de Valdecuervo donde varios conejos estaban extrañados por la presencia de humanos a esas horas en ese lugar.
El grupo realizó unas fotos y continuó subiendo por una senda hasta llegar a las Peñas Coberteras, llamadas así porque son una serie de grandes rocas que parece ser que estaban cubiertas por otras grandes piedras. Había un panel explicativo en el que se indicaba que en ningún caso la formación de rocas correspondía a dólmenes o ninguna formación megalítica.
Tras la realización de unas cuantas fotos por la curiosa formación de piedras, el grupo subió hasta una cantera bastante grande que parece ser que fue la proveedora de muchas de las piedras que ahora forman la Catedral y el Alcázar de Toledo.
A partir de ahí, se comenzó la bajada hasta el camino hormigonado que permite subir a la ermita. Allí el grupo hizo una foto con la bandera, además de las numerosas fotos que hicieron los participantes.
Una vez en la ermita, quedaba una subida, la subida al molino Lirio así como al vértice geodésico del mismo nombre de 908 m de altitud. Aquí el viento comenzó a subir de velocidad y cuando el grupo llegó al molino y a una construcción que está a pocos metros por debajo del molino, resultaba muy desagradable el pararse allí a hidratar y tomar la cena por lo que se optó por tomar otra foto con la bandera y continuar la ruta hasta encontrar un lugar más resguardado donde poder parar y tomar la cena y observar tranquilamente si se podía observar alguna perseida.
Una vez se bordeó el cerro del Águila, donde se alza el molino, se fue bajando de altura hasta encontrar un sitio donde hacía algo de viento, pero no era muy molesto. Ahí había muchas rocas para descansar y disfrutar de las vistas y el grupo paró, aunque no se observaron más de 5 o 6 estrellas fugaces debido a que el cielo todavía no estaba muy activo para poder observarlas.
Tras la observación y reposición de energías, el grupo continuó bajando y se dispuso a ir a contemplar la torre de los Moros. Antes de llegar, el grupo pasó por el poblado del museo de Siberia y los pueblos de Asia Central que, obviamente estaba cerrado. A continuación, el grupo atravesó una finca de vacas que estaban tranquilamente descansando y que observaban al grupo extrañadas.
Pocos cientos de metros más adelante, el grupo llegó a la torre de los Moros. Allí, un par de culebras de escalera estaban esperando en uno de los rincones. El organizador y algunos integrantes de la ruta se asomaron, pero decidieron salir para no molestar con las luces a los animales que optaron por ir hacia la salida que era donde estaba el grupo. Aquí obviamente, no hubo fotos más allá de las fotos de las culebras, que debido a su belleza, merecía la pena inmortalizar.
A partir de ahí, el grupo se dirigió hacia la Cañada Real Segoviana, no sin antes salir de la finca saltando una valla, que todos los integrantes saltaron sin dificultad.
Una vez se llegó al camino, sólo quedaba alcanzar el punto de llegada para ir a una terraza para degustar unas cervecitas frías, donde se dio por cerrada la ruta y se emplazó al grupo a participar en la siguiente ruta.