Datos Básicos:

Longitud: 7,6 km
Desnivel: 440 m
Duración: 4+ horas.
Punto y hora de inicio: 10:00 horas en la Ermita de San Isidro, en El Boalo.
Participantes: 5 socios.

Crónica:

Una vez reunidos todos los integrantes del grupo frente a la Ermita de San Isidro, en El Boalo, se explicó brevemente como iba a ser la ruta, comentando que la parte que iba a tener algo más de complicación iba a ser el paso por las clavijas de la Torreta de los Porrones. Tras la pertinente explicación, el grupo comenzó la ruta, dejando la ermita atrás, y enseguida se llegó a la Senda de las Cabras, que tal como anticipaba su nombre, es un sendero bastante estrecho y con un fuerte desnivel, en el que en alguna ocasión se tuvo que utilizar las manos para poder pasar por zonas de rocas.

Tras algo más de un kilómetro, y después de haber ganado casi toda la altura que tenía la ruta, se llegó a las clavijas de la Torreta de los Porrones. Tal como se anticipó, ese fue el punto con algo más de complicación de la ruta, especialmente porque faltaban alguna clavija, lo que obligaba a estirar los brazos un poco más de lo normal, pero el grupo pudo pasar sin ningún problema. Tras pasar por las clavijas, se tuvo como recompensa unas espectaculares vistas desde el Mirador de la Torreta de los Porrones, el cual se encontraba un poco más adelante, y sitio elegido para hacer la foto con la bandera del club.

Tras un breve momento de descanso mientras se disfrutaba de las vistas, se continuó la marcha, esta vez por un camino mucho mas sencillo y sin ninguna dificultad. Al cabo de un rato, se tomó un desvío que salía a mano izquierda para ir a visitar la Cruz del Mierlo, el punto con más altura de la ruta, y en donde se hizo una parada un poco más larga para comer y beber algo.

Después de haber repuesto fuerzas, se retomó la marcha, volviendo al punto en donde se había tomado el desvío anteriormente. A partir de ahí, ya se enlazó con una pista forestal bastante ancha, por lo que esa parte ya fue un paseo bastante agradable. Ya más adelante, se abandonó la pista para tomar un camino que salía a mano derecha. Al poco tiempo se llegó a una valla con una puerta que se encontraba cerrada, pero con hueco suficiente para poder pasar cómodamente por debajo, lo que permitió seguir el camino, ya cuesta abajo, para regresar a la Ermita de San Isidro.

Pasando por las clavijas

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